Cuando pensamos en nuestras primeras manijas, sentimos que estamos contando la historia de una pequeña gran revolución.

 

Todo comenzó como empiezan las ideas que se sienten necesarias: con una obsesión 💡. Queríamos que nuestras manijas no fueran un simple accesorio funcional, sino una declaración de identidad. Que contaran nuestra visión de diseño circular, nuestra manera de transformar descarte en belleza.

 

Pero el camino no fue corto. Tardamos cerca de ocho meses ⏳ —quizás más— en llegar a la primera producción. Antes de eso, jugamos, probamos, nos frustramos. Empezamos imprimiendo prototipos en 3D 🖨️, sabiendo que esa tecnología, aunque fascinante, era imposible de escalar. Sin embargo, necesitábamos verlas, tocarlas, sentir que el sueño tenía forma.

 

Luego apareció la oportunidad que cambió todo: conocer a Necológica ♻️. Fue un hallazgo que nos abrió puertas a un mundo de posibilidades. Ellos entendieron lo que queríamos: piezas resistentes, hermosas y fieles a la esencia reciclada. Así empezó la verdadera alquimia.

 

Ese mismo año atravesábamos otro proceso transformador: el programa de impacto Mayma 🌍. Fue un faro en medio de la incertidumbre post-pandemia, un espacio virtual que nos conectó con emprendimientos de toda Latinoamérica. Allí aprendimos que no estábamos solas, que existía un ecosistema de soñadores dispuestos a cambiar las reglas del juego. Entre mentorías y charlas infinitas, fuimos puliendo no solo la idea, sino también la convicción.

 

Después de pruebas, errores, risas y noches enteras de preguntas sin respuesta, llegaron ellas: las manijas que soñábamos 🎉. En dos versiones que aún nos emocionan: la Tutti, una explosión de color 🌈 que celebra la diversidad de plásticos reciclados, y la versión nácar blanco, sobria, elegante, casi etérea, como una caracola pulida por el tiempo.

 

Hoy son mucho más que un detalle. Son símbolo y sostén. Acompañan nuestras piezas y nos recuerdan que la identidad se construye desde los pequeños gestos, desde lo que nadie ve, pero todo lo sostiene.

 

Este viaje no fue solo sobre manijas. Fue sobre creer que la belleza puede nacer del descarte, que el diseño puede ser un acto político y que la colaboración es la verdadera fuerza detrás de cualquier cambio 💪.